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Asturias es un Paraíso Natural que atesora una gran carga histórica que se traduce en un riquísimo patrimonio cultural. La diversidad cultural es enorme.

Museo De La Cerámica Y Los Relojes Basilio Sobrecueva
Museo De La Cerámica Y Los Relojes Basilio Sobrecueva

Museo de la cerámica y los relojes Basilio Sobrecueva. Cangas de Onís.

Museo de la cerámica y los relojes Basilio Sobrecueva. Cangas de Onís.

Situación municipio de Cangas de Onís

Situación municipio de Cangas de Onís

Ubicación:

  • Provincia: Asturias
  • Zona: Oriente de Asturias
  • Comarca: Comarca del Oriente de Asturias
  • Municipio: Cangas de Onís
  • Parroquia: La Riera
  • Población: La Riera

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NOTA: ha cerrado en el año 2004 en la dirección actual, pero estaba previsto que abriera en Corao.

La antigua ciudad de Cangas de Onís fue centro de un importante movimiento cultural desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del XX, al que dieron vida personajes muy significativos, entre ellos Basilio Sobrecueva Miyar (Coraín, 1834-Corao, 1890), fundador en 1872 de la famosa fábrica de relojes de Corao. Heredero de este movimiento, el Museo de la Cerámica y los Relojes Basilio Sobrecueva, fundado en 1995 por Maximino Blanco del Dago, constituye una de las instalaciones culturales más interesantes del Oriente de Asturias, centrado en el estudio y transmisión de este movimiento, y en la recuperación, investigación y difusión de la cerámica tradicional asturiana. El Museo está embarcado en recuperar la actividad alfarera de la zona, para lo que emprende cursos de formación.

Ubicado en un caserío rehabilitado del pueblo de Muñíu, a la entrada misma del Real Sitio de Covadonga, está distribuido en tres espacios: una gran nave, cuya planta superior conforma un salón de espectacular cubierta de cerchas vistas, donde se expone la cerámica y la relojería, y la inferior se destina a la sección histórica, despacho y almacenes; la popular casa de corredor, donde se sitúan la recepción, la cafetería y la tienda de regalos, y una amplia terraza acristalada, situada entre ambos, que acoge un taller de alfarería y la colección de tinajas y cántaros españoles. Los inmejorables accesos incluyen cómodas y bien trazadas rampas para discapacitados.

El Museo ofrece actualmente las siguientes secciones: en primer lugar, una sección de Relojería, centrada en dicha Fábrica de Corao, que constituye, junto con el obrador de los Lombardero, activo en el Occidente de Asturias en el siglo XVIII, uno de los capítulos más importantes y desconocidos de la relojería en el norte de España, y de las Artes Industriales asturianas.

Formado en Madrid y en Suiza, Basilio Sobrecueva imprimió a sus relojes un característico sello personal, basado en la simplificación y pureza de líneas, tanto en sus relojes de ojo de buey, con máquinas del tipo París, ocho días de cuerda y sonería a timbre (de los que existe uno en el Palacio Real de Madrid), como en los de péndulo corto, con el mismo tipo de maquinaria y sonería a muelle. Entre los aquí expuestos destacan los realizados para sus hermanas Esperanza y Benita, en cajas de madera de nogal y caoba, respectivamente. Se exponen también varios retratos del fundador e interesantes documentos, herramientas y utensilios de trabajo de la fábrica, entre los que merece citarse una troqueladora fundida en hierro en la Fábrica de Armas de Oviedo, en 1881. A su muerte continuaron la tradición relojera sus primos Ismael y Roberto Miyar, durando su actividad hasta la guerra civil. A ellos se deben los conocidos relojes de estación, realizados por varios ferrocarriles asturianos.

La segunda sección está formada por una de las mejores colecciones de Cerámica Asturiana, popular y preindustrial, un aspecto del arte asturiano apenas conocido, y otra de Alfarería Española.

La colección está formada por unas 2.000 piezas, de las cuales unas 400 están expuestas al público de manera permanente, permitiendo profundizar en el estudio de los cuatro centros alfareros más importantes de Asturias y en algunos otros menos conocidos.

De Faro de Limanes, en las proximidades de Oviedo, se muestra un amplio conjunto en el que predominan las piezas de barro común sin cubierta, con hermosos ejemplares de cántaros de tres asas (barbones) y de un asa (penadas), cazuelas, xarres de sidra, chocolateras, queseras, pucheros diversos y botías (mantequeras). Sus depuradas formas se siguen produciendo de igual modo que hace varios siglos, pues, aparte de ser el centro alfarero más antiguo conocido de Asturias, aún hoy permanece en actividad. Mención especial requieren dos ollitas o pucheros medievales, con decoración incisa vertical realizada a peine, fechables con cierta seguridad a comienzos del siglo XIV.

Otro tipo de la producción de Faro es el constituido por las piezas esmaltadas con cubierta estannífera y dibujos en verde, marrón, azul claro o amarillo. Entre las piezas expuestas destacan los «picassianos», botijos en forma de gallo y gallina, y las almofías o fuentes decoradas con el tradicional tema de la páxara (híbrido de ave y vez). También merece la pena contemplar las humildes escudillas, las formas más habituales de la vajilla popular asturiana hasta finales del siglo XIX, cuyos ejemplares más antiguos con cubierta se remontan a finales del siglo XVI.

De Miranda, junto a Avilés, cuenta el Museo con una representación mucho más reducida, en la que sobresalen piezas tan rotundas de forma como las cántaras, los toneles (alguno con capacidad de 8 litros), los vedríos (grandes fuentes), los porrones o botijos, etc. Estas piezas constituyen las formas clásicas en Miranda desde el siglo XVI hasta su extinción a principios de este siglo, y que afortunadamente se conserva hoy en Llamas de Mouro, donde fueron trasplantadas a comienzos del siglo XIX por una familia oriunda de este centro.

Por tratarse, precisamente, de un alfar relativamente moderno, Llamas de Mouro (pueblo de la parroquia de San Martín de Sierra, en el concejo de Cangas del Narcea, de cuya villa dista 22 kilómetros) es el segundo de los centros alfareros mejor representados en el museo.

Entre las piezas antiguas de este alfar merecen especial atención los toneles o xarros, la feridera o botía, las cazuelas, las jarras, las graciosas queseras, los «cachos» o cuencos para beber vino, los botijos de pitorro faliforme llamados de pixulín, y como pieza excepcional, un vedrío de cuatro asas y excepcionales dimensiones (26 cm de altura por 56 de diámetro superior).

En cuanto a los talleres o «fábricas de Talavera» de Vega de Poja, en el concejo de Siero, el Museo Basilio Sobrecueva ha conseguido reunir una extraordinaria colección de la que se exponen 100 piezas, fundamentales para el conocimiento del que puede ser considerado el más interesante centro alfarero de época contemporánea en Asturias, que tuvo su origen en la fábrica fundada en Villar (lugar de la parroquia de Vega de Poja), en 1779, por el pintor e ilustrado ovetense Juan Nepomuceno Cónsul y Requejo (1747-1807).

De dicha fábrica proceden los diversos talleres establecidos en distintos lugares de la parroquia, El Rayu, La Cabaña y La Cuesta, que mantuvieron su actividad hasta 1937 y que difundieron ampliamente sus artículos de loza, con cubierta blanca de estaño y decoración azul por todo el norte peninsular. Aunque su repertorio de formas se limite a jarras, lebrillos o fuentes, botías, orinales, botijos, platos, escudillas y tazones, la variedad y riqueza de sus motivos decorativos le confieren un atractivo especial.

Por tratarse de piezas únicas y fechadas, dos en 1902 y una en 1904, resultan especialmente interesantes los tres barriles o «botijos de invierno», en los que aparece escrito el nombre de sus propietarias, Amalia Tejuca, Fausta Carbajosa y Concha Díaz, las tres vecinas de La Riera de Covadonga. También son destacables algunas piezas muy raras decoradas con un singular y rudimentario proceso de «impresión» con sellos de cuero o corcho, con los que se hacían dibujos de vírgenes, animales o flores sobre el esmalte crudo de las piezas.

Del resto de los alfares asturianos, desaparecidos en su práctica totalidad en las dos primeras décadas del siglo XX, posee el museo interesantes piezas que permiten ver la influencia ejercida por los centros principales, especialmente por Faro.

Así sucede en primer lugar con los talleres cangueses de Pandesiertos, Pozu los Llobos y Cangas de Arriba, y con el muy próximo de Soto de Dego, en Parres, cuyas producciones destacan por la fuerza expresiva de sus decoraciones vegetales, con motivos que se pierden en el pasado remoto de la comarca, y algunos otros como los de Monte Coya, en Piloña; Villayo, en Llanera; Somió, en Gijón; Ovio, en Llanes, y La Franca, en Ribadedeva, cuya producción se va poco a poco identificando y recuperando.

Por último, mencionar la colección de Alfarería Española, en la que sobresalen las tinajas y los cántaros para agua de sus principales centros, con algunas piezas muy antiguas, como la hermosísima de las Alpujarras, muy próxima a la cerámica morisca. La colección se sitúa en la rampa de acceso al Museo y en el espacio de la terraza.

La tercera sección, instalada en la planta baja del museo, se va configurando como un Museo Histórico de la bellísima comarca asturiana cuya capitalidad ostenta Cangas de Onís y que tan emblemático papel tuvo en los anales de Asturias. Está formada por fotografías de la ciudad y concejo de Cangas, de los fotógrafos Montoto, Merán y Benjamina Miyar, libros y folletos del Real Sitio de Covadonga, medallas y recuerdos de su Patrona, restos arqueológicos, dibujos de Roberto Frasinelli, etc. A destacar el romántico retrato de Antonio Miyar, librero y político liberal víctima de la represión absolutista de 1831, uno de los escasos retratos del gran marinista Antonio de Brugada (Madrid, 1804-San Sebastián, 1863), que lo realizó en el exilio de Burdeos, donde ambos coincidieron en 1827.

(Fuente: folleto del Museo de la cerámica y los relojes Basilio Sobrecueva).

 

Patrimonio próximo al Museo de la cerámica y los relojes Basilio Sobrecueva en Cangas de Onís

Hay que destacar que Cangas de Onís por ser el lugar elegido por la nueva monarquía asturiana tiene una serie de construcciones regias que comienzan en el siglo VIII.

Destacaremos unos cuantos edificios entre iglesias, palacios y casonas.

La iglesia de la Santa Cruz, construida en el 733, se tiene una idea aproximada de como fue, gracias a la documentación que nos llega en el siglo XVI que la describe como una iglesia de tres naves con cripta. Se cree que hubiera podido existir un templo anterior a este, construido por Favila. Su estado actual es una reconstrucción hecha por Luis Menéndez Pidal, en la posguerra, consta con un pórtico con una columna toscana sobre un alto pedestal, son importantes los relieves de este pedestal y una escalera de acceso que se cierra en el lateral con un muro liso rematado por un campanario. El interior es una capilla rectangular con la cabecera plana y cubierta abovedada, en su cripta está el dolmen. Es Monumento Histórico Artístico.

El puente. Aunque es conocido como el puente romano, su construcción fue durante el reinado de Alfonso XI con su famoso arco peraltado y otros dos arcos menores que son desiguales, este puente bien pudiera ser una reconstrucción de otro anterior, ya que esta zona sufrió una gran romanización. Esta construcción es conocida como el puentón. Es Monumento Histórico Artístico.

El palacio de Cortés, del siglo XVIII, de planta rectangular con capilla adosada a un extremo. Su puerta es de arco de medio punto sobre pilastras. El palacio es de dos plantas y una tercera abuhardillada. Su entrada se hace a través de un gran portalón, rematado en arco carpanel que da acceso a un gran zaguán de donde sale una escalera en dos tramos. Destacable el gran alero de madera del edificio.

La antigua Audiencia, es el actual ayuntamiento de Cangas de Onís, es una obra ecléctica con mezcla clasicista. Tiene un cuerpo central con dos laterales, el principal tiene una escalinata que accede a un pórtico columnado donde está la entrada.

La iglesia parroquial. Su primera estructura fue de un templo medieval que fue ampliado por Manuel Martín Rodríguez, siguiendo unas líneas neoclásicas. Sufrió diferentes reformas en el XVIII y quedó dañada en la guerra civil. El templo tiene hoy en día planta de cruz latina, tres naves, crucero, y sobre éste una torre. En la cabecera varias dependencias auxiliares. Es de destacar su vistoso campanario de tres pisos escalonado, que decrece en anchura rematado por un frontón triangular. Es conocida en la zona como la iglesia de Arriba aunque su advocación oficial era la de Nuestra Señora de la Asunción.

El chalet de Ángel García, es denominado villa María, es de planta rectangular con una torre cuadrada en un lateral, cubierta a cuatro aguas con mirador acristalado. Tiene un gran pórtico con escalera que está precedido por dos gruesas columnas toscanas. En la parte trasera hay unas construcciones auxiliares, típicas de las casas de labranza.

El palacete de Enrique Monasterio, más conocido por villa Monasterio, es de estilo autóctono dentro de la arquitectura indiana, tiene una característica y es que la primera planta está destinada a vivienda, mientras que la planta baja está destinada a tienda. Su fachada principal es de disposición simétrica, cuyo centro lo marca el cuerpo abuhardillado, repartiendo cuatro vanos en cada planta.

Covadonga

La arquitectura no podía estar ausente en un lugar como Covadonga. Las primeras noticias nos llegan con Alfonso I que funda un monasterio y una iglesia, otros documentos nos llevan a Alfonso II que nos dicen que ya existía una iglesia de madera erigida en la propia cueva, se trataría sin duda de una iglesia rupestre que seria un tejado sobre vigas de madera que estaría encajado entre las rocas.

Hay gran cantidad de diferentes monumentos a destacar entre iglesias, palacios y casonas, en esta zona. Entre las que destacaremos:

La Real Colegiata de San Fernando, del siglo XVII, de aspecto austero y planta rectangular a dos alturas. El cuerpo bajo tiene arcos sobre pilares, mientras que el segundo tiene una balaustrada torneada, en uno de sus extremos hay una torre cúbica. Su portada se decora con molduras barrocas teniendo encima un balcón y encima de éste un ático blasonado que termina en un frontón triangular, hubo un derrumbe de la montaña que afectó a un trozo de la Colegiata.

De la Basílica de Santa María la Real, de Covadonga, hasta llegar a su construcción, hay que detallar su historia. En 1777 hubo un incendio que destruyó el viejo templo, se decidió levantar uno nuevo que sería un monumental santuario, para lo que se pidió limosna en toda España, con la oposición del cabildo, ya que los canónigos querían reconstruir el templo de la Santa Cueva y el santuario ideado por Ventura Rodríguez, que nunca pudo llevarse a cabo. La gran construcción no llega hasta un siglo después y sería Alfonso XII, el que daría un empuje a esta obra. El diseño clasicista de Ventura Rodríguez, dará paso aun diseño neomedievalista. La idea original de este templo fue del erudito alemán conocido como El alemán de Corao, (Roberto Frassinelli), que era gran dibujante pero no era arquitecto y tuvo que ceder su puesto al arquitecto Aparici, titulado de la Academia de San Fernando, aun así El Alemán tuvo tiempo de dirigir las obras de la cripta. La basílica está dispuesta sobre una gran terraza, tiene tres naves con un transepto de por medio y en la cabecera tres ábsides escalonados, las naves están cubiertas con bóvedas de aristas. Su fachada principal tiene un pórtico con tres arcadas que dan paso a las puertas, esta fachada está marcada dentro de dos esbeltas torres terminadas en agujas. El edificio se destaca por tener un volumen muy macizo. Tiene una tonalidad rosácea por el tipo de piedra caliza que resalta con el verde del paisaje.

En la explanada de la Basílica hay:

La Campanona, campana de tres metros de altura y 4.000 kilos de peso construida en 1900, donada por el conde italiano Sizzo -Norice y Luis Gómez Herrero.

La estatua de bronce de Pelayo de 1964, del escultor Eduardo Zaragoza.

El obelisco con la Cruz de la Victoria es de 1857, levantado por los duques de Montpensier, la tradición dice que fue el lugar en que don Pelayo fue coronado rey.

El monasterio de San Pedro, es Monumento Histórico Artístico. Se cree que fue fundado por Alfonso I pero fue reformado en diferentes épocas. Del románico conserva parte de sus muros, sus tres ábsides escalonados y semicirculares. En el siglo XVII, se construye el nuevo claustro de planta rectangular con dos niveles, el inferior de arcos de mediopunto y el superior con arcos carpaneles. En 1687, se reforma el monasterio dándole su portada Barroca, coronado con un frontón. En el XVIII, hay otra reforma, poniendo nave única, y la cubierta de madera.

 

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